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Persuasión parta obtener consentimiento

Norbert Elias: el poder es una característica estructural de todas las relacione humanas en la medida que estas se articulan mediante lazos de dependencia establecidos de grado o por la fuerza”.

Carl Friedric llamó influencia a la manifestación indirecta y no estructurada del poder.

Y consiste en la creación de una determinada atmósfera decisional gracias al efecto de la influencia, o del poder difuso, o de los mercados, o del pensamiento único, sobre actitudes, creencias y valores no inmediatamente conexos a las decisiones.

El poder se construye y la dependencia se refuerza en cada acto. La relación es a tres: el actor que ejerce el poder, el sujeto paciente sobre el que se ejerce y el espacio en el cual se adscribe y admite esta relación. Y todo ello dirigido a obtener consentimiento

El deporte participa de esta forma de esta concepción del poder. Y lo hace a pesar de su naturaleza aparentemente lúdica que debería convertirlo en refractario a las configuraciones coactivas dirigidas a obtener consentimiento.

Aporto unas cuantas ideas de un discípulo de Elias, Eric Dunning por lo que respecta al deporte, especialidad suya.

Recuerda Dunning la siguiente afirmación de John Fiske

«una de las razones de la popularidad del deporte como actividad contemplativa es su capacidad para desconectar el mecanismo disciplinario del mundo laboral».

Es decir relaciona, con más o menos acierto, algo innegable, deporte con control social.

Una de las funciones principales de ver y practicar deportes es que permite a personas que por lo general son «controladores» y «controlados» –sean de clases altas o bajas –  emprender la «búsqueda de emociones». Parece ser un antídoto a la rutina y los controles que, en términos generales y no sólo en el mundo laboral, han copado la vida diaria de las sociedades industriales avanzadas y relativamente «civilizadas», con lo cual no sólo libran del aburrimiento sino también – y lo que es más importante – de los sentimientos de «esterilidad emocional».

En resumen, el deporte se ha vuelto importante en las sociedades modernas para la identificación de los individuos con las colectividades a las que pertenecen, es decir, para la formación y manifestación de sus sentimientos colectivos y el equilibrio grupal. Mediante la identificación con un equipo deportivo, la gente expresa su identificación con la ciudad a la que representa o quizá con un subgrupo concreto, como una clase social o etnia. Hay una razón para creer que, en las sociedades industriales modernas, complejas, fluidas y relativamente impersonales, la pertenencia o identificación con un equipo deportivo aporta a la gente un puntal para su identidad, una fuente de sentimientos grupales y un sentido de pertenencia en lo que de otra forma sería una existencia aislada o lo que Riesman (1953) ha llamado «la soledad de la multitud».

Las personas más comprometidas con el deporte suelen recibir el nombre de «fans», abreviatura del término «fanáticos». En el caso de los fans más comprometidos y quizá también para otros, el deporte funciona como una «religión suplente» (Coles, 1975).

Les recomiendo si lo conocen, el libro de Norbert Elias y Eric Dunning, Deporte y Ocio en el proceso de la Civilización.

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