La democracia impositiva: El dinero es como el estiércol: no es bueno a no ser que se esparza”

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“El dinero es como el estiércol: no es bueno a no ser que se esparza”

Josep Cabayol

Si damos por buena la sentencia de Francis Bacon, podemos deducir que la crisis es el estercolero que atrae el dinero. Si observamos la realidad, obtenemos la confirmación: cada vez los ricos son más ricos – y hay menos – y los pobres son más pobres – y hay muchos más.
Ante la devastación que la crisis genera, los mortales nos preguntamos qué hacer.
Nos resignamos? Nos movilizamos para defender el derecho al bienestar? Abrazamos viejas y peligrosas propuestas “nazional” populistas? Le sacamos el polvo al marxismo?
Todo lo que parecía seguro, tambalea.
No solo vivimos una crisis financiera y económica, sino que estamos inmersos en una crisis de civilización: el planeta, finito, da lo que da y lo estamos agotando. El resultado es paradójico: si seguimos asociando progreso y crecimiento, nos comeremos los recursos, aumentaremos las desigualdades y causaremos una crisis climática, si por el contrario nos proponemos controlar el cambio climático, dosificar los recursos y ponerlos al alcance de todos, la recesión es inevitable y las consecuencias sociales, muy duras. Habrá que decidirse entre dos posibilidades: vivir el presente, no renunciar al crecimiento, empeñarnos en la cultura del dinero o pensar en el futuro, sacrificar aspiraciones materiales y aceptar decrecer. Si elegimos ser individualistas, colapsaremos, si optamos por la solidaridad, la igualdad de derechos y la distribución, disfrutaremos de una oportunidad.
Satisfactores
Max Neef resumía las necesidades humanas: subsistencia, afecto, protección, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad. Hay que utilizar solo energía para satisfacer estas aspiraciones? Tendemos a comprar con dinero lo que podríamos obtener por caminos no materiales? No, no estoy hablando ni de Dios, ni de verdades absolutas, hablo de relaciones entre iguales en un mundo de humanos.
Para alcanzar el futuro, si lo queremos pacífico, hay que cambiar el concepto de progreso y descubrir que no siempre “tener más” significa vivir mejor. Deberemos hacerlo todos juntos, superando el egoísmo y priorizando los intereses colectivos.
Apunto unas primeras ideas convencido que aportaréis muchas más: las libertades no son negociables; consumir no es el objetivo, el trabajo es un derecho, la explotación una lacra, el reconocimiento no debe estar asociado al dinero, todos tenemos los mismos derechos y deberes, el pensamiento es libre y no está limitado por dogmas, la economía debe estar al servicio de las personas; la distribución de la riqueza es un derecho colectivo, los derechos sociales son inalienables, el planeta no es nuestro, sólo disponemos de él en usufructo.
La política debe ser cosa de todos

Hay que exigir que para cambiar principios sustanciales, Constitución incluida, sea necesario que se aprueben en referéndum. En caso contrario, se confirmará que el poder no respeta la democracia cuando las élites que lo controlan lo consideran oportuno. Es el caso de la propuesta de limitar al déficit público. ¡Para qué discutirlo si se dispone de mayoría parlamentaria!. No sucede igual cuando las propuestas son agresivas para los intereses dominantes. Entonces se rechazan por inoportunas e imprudentes y se hace lo imposible para que no se debatan: senado, modelo de estado, federalismo, autodeterminación, monarquía o república, ley de sucesión de la corona, ley electoral, sustitución de la provincia como circunscripción electoral, pluralidad lingüística y cultural.
La democracia impositiva:
Cuando el movimiento 15M exigió que la democracia fuera participativa, se respondió desde los poderes establecidos, que la democracia no precisa adjetivos. Sin embargo cuando se solicita el ejercicio de la participación más allá del voto electoral ritual, se contesta con un “no es necesario” Preguntémonos: ¿el límite del déficit fiscal está en el programa del partido en el gobierno? La respuesta es inequívoca: no, no está. Entonces, ¿cuándo podrán participar los ciudadanos de tal decisión? Quiérase o no, se acaba de adjetivar la democracia: impositiva.
Por todo ello, por lo que está en juego, al margen de les ideologías, es ineludible para garantizar la democracia, para que, insisto, no sea impositiva, que todos aquellos asuntos no incluidos en el programa electoral del partido o coalición gobernante, deban aprobarse en referéndum.

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