Por qué esta crisis es tan larga

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Mientras la ideología conservadora prevalezca sobre el análisis económico, la depresión durará

Antón Costas

Catedrático de Política Económica

El Periódico

Jueves, 20 de octubre del 2011

Lamentablemente, la crisis se alarga. Los últimos datos apuntan claramente a que el enfermo no mejora. Al contrario, las economías europea y norteamericana han vuelto a recaer en el estancamiento. Y, como ustedes saben, la recaída en la enfermedad es peor que la caída inicial, porque el cuerpo esta más débil y tiene menos defensas.

¿Cuál es la razón de esta recaída? Hay tres causas. Dos de ellas están relacionadas con la propia naturaleza de la crisis, pero la tercera tiene que ver con un error tremendo de nuestros gobiernos. Veamos.

La primera es porque el origen de la crisis fue una enorme burbuja de crédito que ha sobreendeudado al sector privado. Es decir, a las familias, a las empresas y, especialmente, a los bancos. Esto ocurre muy pocas veces, pero, cuando sucede, las crisis son distintas y más largas.

Como ocurre después de una gran comilona, que hay que pasar varios días a dieta, después de una fase de sobreendeudamiento viene una fase de desendeudamiento. Las familias tienen que ahorrar y, por lo tanto, consumen menos. Y las empresas tienen que devolver los créditos y reducen inversiones. El resultado es que la demanda interna, que es el verdadero motor de la economía, queda al ralentí.

Pero a la vez los bancos tienen que desendeudarse y limpiar su balance de activos que, como los inmuebles y el suelo, han perdido una buena parte de su valor. Y mientras lo hacen, el crédito se seca. La historia financiera nos dice que los procesos de desendeudamiento suelen durar, por termino medio, unos seis o siete años. Llevamos cuatro; por lo tanto, quedan dos o tres años. Mientras tanto, los países golpeados por la crisis tendrán una demanda privada interna débil. ¿Cómo crecer en estas condiciones? Aumentando las exportaciones.

Esto nos lleva a la segunda causa. Para que aumenten las exportaciones de los países golpeados por la crisis tienen que mejorar la competitividad. Pero, además, los países que tienen grandes supéravits comerciales, como es el caso de China y Alemania, tienen que aumentar su demanda interna y disminuir sus exportaciones. Este reequilibrio externo no se producirá de la noche a la mañana, pero hasta que ocurra no veremos un crecimiento sólido.

En estas circunstancias, y mientras el motor principal de la economía, es decir, el sector privado, está al ralentí, es necesario activar los motores auxiliares en manos de los gobiernos: la política monetaria y la política fiscal. De lo contrario, la actividad de las empresas se bloquea y el paro asciende a los cielos.

Pero, asustados por el inevitable aumento del déficit y de la deuda pública provocado por la propia recesión económica (que hace disminuir los ingresos fiscales y aumentar los gastos en desempleo), los gobiernos han desactivado esos motores auxiliares cuando el motor principal sigue al ralentí. Esta es la tercera y más insidiosa causa del alargamiento de la crisis. Al dar prioridad absoluta a la austeridad, los gobiernos han asesinado el incipiente crecimiento.

Los gobiernos se enfrentan a un dilema nada fácil. Lo ha expresado de una manera inigualable el economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), Olivier Blanchard, en la introducción al informe sobre perspectivas económicas de septiembre pasado: «La consolidación fiscal no puede ser demasiado rápida o destruirá el crecimiento. No puede ser demasiado lenta o destruirá la credibilidad. La velocidad debe depender de las circunstancias de cada país, pero la clave sigue siendo una consolidación a mediano plazo creíble». Para gestionar la economía en estas condiciones se necesita gente experta y no asustadiza. Y no parece ser el caso.

Lo más perverso de la austeridad es que está siendo aplicada de forma compulsiva y generalizada, tanto a las economías que tienen problemas como a las que no. Se nos ha dicho que se trata de una «austeridad expansiva». Pero el ejemplo de la economía británica, que ha entrado en caída libre bajo el plan de drástica e innecesaria austeridad de David Cameron, llamado enfáticamente Big Society, o lo que está ocurriendo con la economía alemana, permite afirmar que la austeridad expansiva es lo mismo que creer en los cuentos de hadas.

Al practicar la austeridad compulsiva y generalizada, los gobiernos se comportan como esos médicos que en vez de aliviar el dolor del paciente practican el encarnizamiento terapéutico. Esto es moral y económicamente inaceptable.

¿Cómo las personas que están al frente de nuestros gobiernos no se dan cuenta de esta realidad? Porque están dirigiendo la política más por consideraciones ideológicas que por un análisis económico serio de las consecuencias de la austeridad sobre la economía, el desempleo y la desigualdad.

Mientras la ideología del conservadurismo prevalezca sobre el análisis económico, la crisis se alargará.

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