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Revueltas Inglaterra: una entrevista y un artículo para saber algo más.

Verano caliente en Londres
Dominic Johnson · · · · ·

Sin Permiso 14-8-11

En Londres, de un motín a otro: la cólera intacta del poeta Benjamín Zephaniah. Entrevista
Benjamin Zephaniah · · · · ·
Sin Permiso 14-8-11

Benjamin Zephaniah forma parte de las voces más importantes de la comunidad afrocaribeña británica. Poeta dub y escritor rastafarino, regularmente se levantó contra el abandono de los barrios desfavorecidos ingleses y las clases dominantes del país. En la entrevista que se reproduce a continuación, considera que los motines que golpean Inglaterra en este agosto 2011, y que ya provocaron varios muertos, se incubaban desde hace mucho tiempo. Zephaniah fue entrevistado para el canal francés TV5 Monde por Thomas Hajdukowicz y Joseph Sotine

Se dice que quienes están en la calle son gentes enfurecidas

No hay bandas organizadas. Podemos considerar a los amotinados como personas normales porque los vemos cada día en las calles de Inglaterra. Pero para otros, son gente diferente, porque estos otros no salen del centro de sus villas, y no salen de su pequeño mundo rico.

Quienes están en la calle en este momento son gente enfurecida que sacó provecho de una falla en el sistema para tratar de voltearlo. Durante años, rechazaron esta energía, que literalmente está estallando hoy. Pillan también en las tiendas bienes que ansiaron mucho tiempo pero que no podían permitirse comprar. No tenemos que estar de acuerdo con ellos para comprenderlos. De hecho, si usted no los comprende entonces no entiende lo que no funciona en nuestro país.

No vimos tal explosión de violencia en el Reino Unido desde los años 1980. ¿Qué es lo que hizo saltar el polvorín?

Esta cuestión está mal planteada. Desde el 1998, contamos 333 muertos causados por la policía. Digo bien policía, y no prisión. Ningún policía ha sido molestado. ¿Acaso la violencia policíaca cuenta? La violencia siempre fue importante en Gran Bretaña, pero la exportamos, fuimos violentos afuera de nuestras fronteras. En Irak, en Afganistán, en Libia. Vendimos la violencia (bajo la forma de armas) en Indonesia, Libia, Bahréin, Jordania, Israel, en Sri Lanka, y muchos otros países. ¿Entonces por qué toleramos esta violencia? Vivimos en una sociedad violenta donde el poder se accede mediante una pistola o un automóvil. La violencia jamás nos dejó. Ahora volvió a la casa.

¿La respuesta del gobierno británico es la apropiada?

El gobierno no tiene respuesta. Conseguirá ciertamente restablecer la paz en las calles, pero se contentará principalmente con cerrar los ojos sobre los acontecimientos, hasta que esto estalle de nuevo. Esto llegará tarde o temprano. Debemos gastar dinero para ayudar a estos barrios. Estos jóvenes necesitan trabajo y esperanza. Necesitan que se les proponga un futuro, que se crea en ellos, en sus barrios, en sus artes. El Gobierno lleva un programa de ajuste y desinversión.

¿En este caso, existen otras soluciones?

Seguro que existe otro medio. En el contexto actual, en este país neoliberal gobernado por la coalición conservadores-liberales demócratas, una revolución sería bienvenida. Pero aparentemente, los británicos no hacen la revolución. Es una cosa francesa.

Benjamín Zephaniah es un poeta británico, nacido en Birmingham. Influido por la cultura rastafari contribuyó a popularizar la poesía dub en Gran Bretaña.

Verano caliente en Londres
Dominic Johnson

Sin Permiso 14-8-11

Cada metrópolis del mundo tiene su propia cartografía mental, invisible, por y en la que millones de personas organizan su día a día. Si Londres arde, no arde solamente Londres. Los ataques que han tenido lugar tenían objetivos marcados, la mayoría cadenas de tiendas en unas pocas calles y en un número manejable de lugares.

Londres presenta una segregación racial menor que, por ejemplo, París. Cuando arde una banlieu parisiense, el barrio puede acordonarse prácticamente por completo y el resto de la ciudad de París apenas lo acusa. Londres es en comparación una ciudad más homogénea. No es ninguna ciudad con centro y periferia, sino un Moloch, un mero encadenamiento sin fin de lugares que se parecen cada vez más, que se ignoran los unos a otros y que siempre tienen su propio centro y sus propios lugares socialmente problemáticos. Londres es así una gran ciudad, pero un lugar muy pequeño para la confrontación, con agudos contrastes locales entre pobres y ricos, entre el mundo empresarial y los guetos, y ello en el espacio de unas pocas calles. Estos dos mundos viven puerta con puerta, utilizan los mismos medios de transporte, se ignoran mutuamente y no se miran a los ojos.

Eso puede funcionar durante algún tiempo. Luego en algún lugar salta una chispa y las condiciones normales son engullidas por las llamas.

Mucho se ha escrito en las últimas décadas sobre cómo los musulmanes británicos se alienan de la sociedad y generan una subcultura propia violenta. A menudo se olvida que esta tendencia subterránea también vale para la otra mitad de la sociedad. En las últimas décadas se ha creado en Londres una generación totalmente desarraigada que vive de manera provisional, lo mismo en la vida privada como en la profesional. Una generación que se siente poco respetada, poco ligada a su lugar de residencia y poco representada políticamente. Este sentimiento está muy extendido especialmente entre la juventud negra de origen caribeño. La tentación de construir una jerarquía alternativa en esta sociedad a la sombra, que sea invisible para el mundo exterior, es enorme. Así se crean sociedades paralelas.

Nexo del capitalismo financiero mundial

El rostro de Londres ha cambiado por completo en los últimos treinta años. Lo ha hecho a costa de sus habitantes. La ciudad ya no es el centro de la riqueza mundial, como lo fue en el siglo XIX, y del que proceden los barrios obreros de Hackney y Tottenham. Londres se ha redescubierto a sí misma como nexo del capitalismo financiero mundial. El suelo se ha convertido en un magnífico objeto de especulación, no en un espacio donde vivir.

El autor londinense Ian Sinclair acaba de criticar en su libro Ghost Milk la metamorfosis de los barrios de la ciudad para los preparativos de los Juegos Olímpicos de 2012, que ha devorado sumas millonarias y, con ellas, también las condiciones de vida de decenas de miles de personas. En los años 80, la construcción del barrio empresarial Docklands en el antiguo barrio portuario de Londres produjo un impacto traumático similar en la imagen propia del Londres nororiental.

Desde la Segunda Guerra Mundial, durante varias décadas se sustituyeron los ‘slums’ y las tradicionales casas adosadas por bloques de apartamentos, que en vez de la modernización trajeron la guetificación. Se crearon barrios enteros de viviendas sociales que acomodaron con alquileres baratos a los socialmente más débiles, a menudo culturamente enfocados hacia sí, y cuya población hoy se ve excluida y amenazada. Junto a ellos vive ahora una nueva generación multicultural de jóvenes precarios sin ningún tipo de protección social en uno de los mercados inmobiliarios más caros del mundo.

Los alborotadores destruyen sus propias comunidades, dicen los comentaristas británicos. La cuestión es si los destructores de estas comunidades las perciben realmente como propias.

Dominic Johnson es redactor del diario Tageszeitung.

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