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Los Muros vistos desde México

Los muros en el mundo
Inés Sáenz

Europa celebra estos días la caída del Muro de Berlín, sucedida hace 20 años: el 9 de noviembre de 1989 para ser más exactos. Hace dos décadas, el mundo recibió la sorpresa de la libertad recién adquirida de los habitantes de Alemania oriental. Los jóvenes de aquella época fuimos testigos asombrados de un cambio irreversible: el iceberg de la Guerra Fría bajo la cual habíamos nacido se derretía hasta desaparecer.
Nunca olvidaré ese 9 de noviembre de hace 20 años. En ese entonces era una novata profesora de español en una universidad del noreste de EU y la noticia me pescó un helado mediodía, esperando el tren que me llevaría de regreso a casa. Me recuerdo a mí misma leyendo el periódico y mirando perpleja los titulares. Recuerdo incluso la banca de cemento donde me senté a leer la nota que parecía de ciencia-ficción. En ese momento pude intuir, como el resto de las personas, que el mundo sería otro. Efectivamente, así fue: el mundo pareció ensanchar sus puertas. Pocos años después, con el nacimiento de internet, creímos que la idea de un universo sin restricciones sería posible. Veinte años nos han servido para darnos cuenta de nuestra ingenuidad.
La idea de aplaudir lo sucedido en Berlín hace veinte años es muy tentadora. Nos parece muy lógico festejar con nuestra alegría el aniquilamiento de un sistema político totalitario que privó de libertad a muchos. En lo personal, creo que la mejor manera de rendir homenaje a ese muro derrotado es preguntarnos si algo cambió realmente después de que la valla de cemento pisó tierra. Sabemos que la vida de los ciudadanos del bloque comunista se transformó y el capitalismo adquirió estatus de primacía invencible, dos consecuencias palpables de la sacudida berlinesa. La pregunta que me he hecho es si los humanos pudimos sacar provecho de esa experiencia.
Me he dedicado a indagar sobre los muros. El resultado de la búsqueda me desalienta, pues después de la caída de la tapia berlinesa nos encontramos con un hecho contundente: se han construido más muros en nuestro planeta. Te pido, atento lector, que saques tu mapamundi y tus colores para que te pongas a dibujar paredes o líneas divisorias. Hoy en día hay 11 muros; sólo tres de ellos fueron construidos antes de 1989: el muro de arena de dos mil kilómetros a lo largo del Sahara occidental, construido entre 1980 y 1985; el muro de 241 kilómetros que separa Corea del Norte de Corea del Sur y que fue construido en 1954, el único sobreviviente de la Guerra Fría; por último, la pared de 180 kilómetros que se encuentra en Chipre y que desde 1974 separa a la república chipriota griega de la turca.
Repaso ahora el resto de los muros que nacieron después de haberse caído el mastodonte berlinés (revista Books, número nueve, octubre 2009). Empiezo por el muro metálico que rodea Ceuta y Melilla (en España) y que tiene como fin impedir el paso a la migración africana. Fecha de construcción: 1995. Me paso de continente y me dirijo al muro entre Sudáfrica y Zimbawe, y a otro más, una barda electrificada de 500 kilómetros entre Botswana y Zimbawe.
Voy ahora al muro de más de mil 400 kilómetros entre China y Corea del Norte que empezó a construirse en el 2006. (Ojo: no hablo de la muralla china, ésa es otra historia dentro de este relato de muros). Paso al muro entre la India y Bangladesh que mide cuatro mil kilómetros y que se edificó a partir de 2002. Para continuar con la misma región, hablaré de otro muro: el erigido entre la frontera de la India y Pakistán entre 2002 y 2003. Esta es propiamente una barda electrificada de 550 kilómetros. No pueden faltar, claro está, los muros de cemento israelitas que empezaron a construirse en 2002 y que finalizarán en 2010. Como mexicana que soy cierro con broche de oro al mencionar el único muro que hiere el continente americano: el que se encaja en la frontera entre nuestro país y los EEUU. Mil 100 kilómetros de pared que comenzó a edificarse en 2002. La mayor parte de estos muros son básicamente una protección de los países ricos para no ser invadidos por los países pobres. El caso de Israel es más complejo y merece un artículo aparte. En síntesis: la caída del Muro de Berlín nos ha enseñado que no nos movemos de sitio, pues hemos insistido en el mismo punto, desarrollando sistemas de defensa costosos, primitivos y, en muchos casos, poco eficaces.
El día de hoy festejamos la caída de un muro cuando todavía nos falta celebrar la desaparición de otros once. Este podría ser un interesante tema de conversación mientras escuchamos los mareadores discursos oficiales sobre lo maravillosa que es la libertad…. de unos cuantos.

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